lunes, 8 de octubre de 2012

M I R A D A S


MIRADAS

Hasta el día de hoy, podremos ser tranquilos;
pero mañana ya no habrá más espera
deberemos caminar, para ver lo que pasa:
habremos, ese día, de mirar hacia arriba,
hacia abajo y para todos lados
sin encontrar la estrecha vereda
que nos muestre la salida.

Ya con la mirada puesta en la salida
vendrán los chillidos, el chirriar de dientes
y la estrechez de pensamiento: sólo,
muy solo por estar ahí te miraré de nuevo
y podré decirte todo lo que te amo.
Más aún te diré cuánto te amé
durante la ausencia y cómo sufrí
por tu desaparición de mis brazos.

Fueron noches sin luna, sin descanso;
tormentas en silencio, lluvias secas,
conjunción de vientos sin impacto.

Fue tétrico el verme así, triste y solo
pero con la certidumbre de que te vería
algún día, sin duda; pero no obstante:
miré tus brazos durante tu ausencia,
vi y sentí tus labios, y tus ojos, tus brazos,
tu cadera, tu espalda, tu mirada:
¡¡¡Ayyyy tu mirada!!!
Esa mirada tan llena de peces y colores,
esa mágica alfombra para mis desvaríos.

sábado, 29 de septiembre de 2012

lunes, 24 de septiembre de 2012

Tiempo de Héroes: Presentación

Tiempo de Héroes: Presentación: «No sé qué me pasa.» Con esta breve frase, en un blog perdido en la red, arrancaba la extraña historia que ha dado origen a Tiempo ...

sábado, 22 de septiembre de 2012

S I L E N C I O


SILENCIO

Cuánto tiempo había tardado para poder acallar aquél ruido que taladraba su cerebro. Era imposible precisarlo. Los parámetros con los cuales nos hemos acostumbrado a medir todo se pierden en situaciones irregulares. Y aquella lo era, sin duda alguna.

Por eso cuando regresó a aquél agujero de donde nunca debió haber salido, pudo tomar algunas notas, garrapatear ciertos detalles, pero omitió, porque no había de otra, toda referencia a tiempo, clima y ciertas dimensiones espaciales.

Pocos podían haber sobrevivido a aquella experiencia. Era como haber sido enterrado en vida. Como quedar confinado en un apando existencial que no parecía tener el menor futuro; pero además, por el ruido infernal que parecía desplazar cualquier idea del cerebro, tampoco hubo, durante ese indefinido pero extenso lapso, posibilidad de acuñar algunos pensamientos, ciertas reflexiones; de aquella experiencia sólo quedaban sensaciones, profundos recuerdos de angustia y de dolor. Casi ninguna otra idea.

De aquellas notas habría de surgir todo un cuadernillo de deshilvanadas reproducciones de aquel tiempo. Cuando recogieron su cadáver, algún rescatista se echó en el bolsillo trasero del pantalón el cuadernillo. Nadie más reparó en él. En los diarios se habló, durante tres o cuatro días, de lo que mencionaba la policía: pudieron haber sido ocho meses o un año, acaso más, lo que duró aquella situación para el hombre desconocido que resultó víctima de no sabía quienes, ni por qué.

Si se les hubiera ocurrido preguntar a los rescatistas hubieran localizado al hombre que se llevó la libreta, y en ella hubieran encontrado, sin duda, la clave del misterio. Pero no lo hicieron. Ni el hombre que se hizo del manuscrito tuvo la sensibilidad para desentrañar aquellos mensajes. No le interesaron. No le importó que el autor de esos trazos pretendiera comunicarse desde aquél más allá con el resto del mundo; ni mucho menos que algunas de las informaciones tuvieran como referente a familiares, amigos o vecinos. Si eso no les interesó, ya ni qué decir de los momentos, así fueran breves, en que desde aquél agujero pretendió tocar la inmortalidad con dos o tres frases bien pulidas.

El rescatista, luego de hojear la libretitita y desprender de ella un bostezo, se encaminó al calentador de leña y la arrojó al fuego. Mientras desaparecían aquellos indicios, se tumbó en la hamaca a leer su diario deportivo.

Casi al mismo tiempo, las autoridades correspondientes llevaban al cabo el depósito del cuerpo, en la fosa común, de quien no pudo ser identificado.